Hoy me doy el gusto y mañana paso el día a piña. Vale... ¿Y así es como tienes planeado vivir toda tu vida?​
Bajar de grasa, disfrutar de la comida y sentirte bien contigo misma están del mismo lado de la báscula, el de mantener un peso saludable, SIEMPRE.

Esto mismo es lo que he ayudado a difundir gracias a organizaciones como:

Ostras, menuda mochila de creencias llevas a cuestas cada día

Adelgazar = sufrir
Bajar de grasa = restricción
Buena digestión = comer aburrido

… Y con ella te subes a la báscula todas las mañanas. Por cierto, ¿qué tal la experiencia de pesarse todos los días? A qué cambia más que el tiempo.

Ya que estamos con las matemáticas te propongo una pregunta de examen. Si te tomas un vaso de agua de 200 ml y al rato te pesas, ¿qué crees que ocurrirá? Exacto, habrás aumentado de peso. Aunque no por ello dejas de tomar agua. Entonces la conclusión es sencilla: peso no es igual a salud.

Venga, ahí va otra creencia:

Peso = grasa. INCORRECTO

Tanto misterio cada día para llevarte a un solo lugar: la culpa

Terminas creyendo que por picar algo retrocedes. ¿Qué estás haciendo: jugando al parchís o comiendo?

Si te digo todo esto es porque sé que estás hasta el moño de revivir el ciclo eterno de empezar una nueva dieta, esforzarte solo un poco más porque perdiste unos gramos, comer algo fuera de lo pautado, efecto rebote, angustiarte, comer más por ello y volver a empezar.

La idea de que conseguirás el cuerpo que deseas con trabajo duro es tan cierta como que en enero vendrán los Reyes Magos. Solo consigue ilusionarte, pero no trae ningún resultado verdadero. 

Es importante decirte esto con todas las letras:

Tanta prohibición conlleva un maltrato psicológico y nutricional que renuevas con cada frustración y con cada nuevo reel que te dice: "cómo logré bajar 10 kilos en una semana"

Dime:

¿Cuánto tiempo puedes mantenerte haciendo una plancha en el gimnasio? No mucho.

¿Cuánto tiempo puedes pasarte en una tumbona al sol? Bastante más.

Ya ves, el trabajo duro es algo que no puedes mantener por mucho tiempo, pero como te han hecho creer que sí, optas por dudar de ti y de tu compromiso, en vez de poner en tela de juicio frases de la dieta revolucionaria de moda que vende más que los libros de terror de Stephen King.

Oye, igual aún no te he dicho nada sobre lo que estás buscando aquí, ¿cómo vas a lograr los cambios que quieres en tu cuerpo?

Vale, entiendo la urgencia, sobre todo porque lo has intentado ya demasiadas veces y empiezas a dudar de tu capacidad para lograrlo. Aunque antes de contarte nada, quiero dejarte una nueva creencia para que te lleves e incorpores ahora mismo, esta sí es de las buenas:

ACEPTACIÓN. De ti, de tu cuerpo, de tus tiempos
Ojo, que te aceptes no excluye que desees un cambio, porque no tiene que gustarte tu cuerpo para querer cuidarlo.
Y esto puede significar para ti algo diferente que para mí, pero en todos los casos incluye mucho más que la alimentación

Descanso

Ejercicio

Forma de hablarte

Gestión de pensamientos

Por eso necesitas mucho más que una dieta que te diga cada día lo que debes comer, o una báscula para ir por la vida pesando la comida.

En serio, que no puedes vivir a ensalada de tomate con 40 gramos a atún. Ni siquiera suena apetitoso, ponle más imaginación, gracia, sabor y color.

La vida debería ser más bien pizza y fresas en partes iguales

Lo nutritivo, natural y apetecible junto con el máximo sabor, la noche de amigos y el disfrute. ¿Y al día siguiente agua de pepino todo el día?. Para nada, al día siguiente lo mismo: disfrutar combinando alimentos de forma equilibrada y gestionando tu vida sin depender de la comida. 

Ya ves que no te estoy revelando ningún secreto ni ninguna receta magistral. Es un cambio que deja de sonar a preparatoria para unas oposiciones y se parece más a la sensación que te invade cuando sientes el aroma de café recién hecho por la mañana al despertarte: una nueva oportunidad, un nuevo día que comienza.

De eso sé, porque así, con esta sonrisa y con todo, yo, Cristina Yebra, también fui víctima de las dietas


Al principio todo iba bien, dejé de tener vida social y no me permitía comer algo que no fuera <healthy>, pero vamos, que el esfuerzo valía la pena y además, cuando no lo hacía, me sentía muy culpable y ayunaba para compensar, ¿o tal vez sería para castigarme?

Esa falsa sensación de control terminó el día que sufrí una ruptura condimentada con malos tratos, y acabé en un trastorno donde la comida se convirtió en mi refugio. 

Todo, TODO aquello que me había prohibido durante años me lo comí en tiempo récord, y eso me trajo algo más que los casi 20 kilos extra: un hipotiroidismo descontrolado, unos tobillos con edemas con fóvea, incluso un par de años después descubrí que tenía lipedema, urticarias por todo el cuerpo, alergias sin ningún motivo… el combo completo de un cuerpo completamente loco, descontrolado y enfadado. 

Pero la cosa no terminó allí, porque cuando recurrí a los médicos, ellos vieron el sobrepeso, pero no los motivos que me llevaron a él, así que al final tuve que buscarme la vida por mi cuenta: tenía que cambiar el chip, porque era evidente que la dieta no me había ayudado antes y no me iba a sacar de esto ahora

Entendí que la cultura del <todo o nada> es más del nada que del todo, porque pone el foco en eliminar kilos cuando ese no es el verdadero problema.

Los kilos de más no te definen como persona

Son algo que un papel con unas cuantas recetas bajas en hidratos no solucionará, tampoco un esquema de ayunos, ni una dieta cetogénica o una de ponle-el-nombre-que-quieras.

Si de verdad buscas una solución definitiva, necesitas trabajar en ti desde ángulos diferentes. Ese es el abordaje que hacemos desde nuestro centro de psiconutrición.

Y esto es lo que consiguen nuestros clientes gracias a ello:

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¿El método?

Es simple, se trata de:

Encontrar el camino más sencillo para cada persona es el trabajo que realizamos.

Un poco de dejar de tapar emociones desagradables con comida,

y otro poco de aprender a combinar alimentos para lograr un equilibrio mente-cuerpo.

¿Para qué?

No solo para que mejores tu cuerpo. Sino para aceptarte, reparar tu autoestima y al final ser una persona más feliz.

Para que tu salud hormonal mejore y dejes de confundirla siempre con dietas raras.

Para qué evites que la grasa perdida encuentre su camino de vuelta.

Para que tu mente descanse en vez de estar ocupada en mantenerte lejos de esa porción de tarta.

Para que tus problemas digestivos remitan y dejes de justificar tu estreñimiento o tu diarrea y por fin dejes de manchar el papel higiénico.

Te confieso algo: no tenemos una única fórmula, pero sí un método, que no es ni mágico ni tampoco secreto:

Se trata de escucharte a ti en vez de al revés. También de oír y comprender lo que tu cuerpo grita con sus síntomas, y de entender las cicatrices que te ha dejado aquello que has vivido.

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Desde ahí te enseñamos cómo dejar de castigarte, trabajando en equipo para que:
  • Desde la nutrición, devuelvas a tu cuerpo lo que necesita.
  • Desde la psicología, gestiones las emociones sin recurrir a la comida.

104 opiniones en Google con un promedio de 5 estrellas nos dicen que este camino ha ayudado a nuestros pacientes.

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Vale, ¿empezamos?

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