Por qué tenemos la necesidad de comer dulces

En artículos anteriores hablamos del trabajo que nos cuesta consumir azúcar de forma moderada. En esta ocasión hablaremos sobre esa sensación que nos provoca la necesidad de comer dulces. Muchas pacientes nos comentan en consulta que esto suele sucederles y que no siempre saben darle respuesta, por lo que pierden un poco el control.

Como siempre decimos desde nuestra consulta de nutrición Huesca Rompiendo Dietas, unos días malos no echan por tierra el trabajo constante. Sin embargo, es importante conocer los motivos por los que se suele desencadenar la necesidad de azúcar. Una vez que conocemos estos detonantes, podemos reducir esos días “malos” para que no se vuelven algo habitual.

Hay que diferenciar el antojo normal que uno puede tener al ver un pastel o unas golosinas de la necesidad que tenemos durante un tiempo prolongado de ingerir azúcar. Aunque ambas necesidades son antojos, una es menos insistente que la otra. Por ello, desde psiconutrición Huesca vamos a intentar explicar las causas por las que creemos que nuestro cuerpo nos está pidiendo azúcar y qué podemos hacer para tratarlo.

Por qué tenemos la necesidad de comer dulces

En muchas ocasiones nos invade la necesidad de azúcar y, si estamos encaminadas dentro de una alimentación saludable, flexible, no sabemos muy bien por qué nos ocurre eso. Si se lleva una alimentación sana, es más sencillo averiguar el porqué de esas emociones. En cambio, cuando la alimentación es desordenada, la necesidad se camufla dentro de la propia “adicción al azúcar” que ya tenemos.

Por estrés y falta de sueño

Cuando llevamos una vida ajetreada, descuidamos ciertos aspectos de nuestro día a día, como el sueño y la alimentación. Cuando esto sucede, el organismo empieza a emitir señales de auxilio para intentar sobrevivir y mantenerse activo.

Cuando se duerme poco, nuestro sistema hormonal se altera: aumentan los niveles de cortisol, lo que disminuye la cantidad de leptina. La leptina es la encargada de mandar el mensaje de que ya estamos satisfechos con lo que hemos comido. Cuando este mensaje se trunca, comienza la ansiedad y lo primero que aparece es la necesidad de comer dulces, pues es lo más adictivo.

Cuanto más estresados estamos, que no angustiados en sí, más apetito tenemos y menos centrados en nuestros procesos internos nos encontramos. Todo esto deriva en que los niveles de cortisol se disparan, y acabamos asaltando la nevera asiduamente buscando algo azucarado que nos consuele.

Para consolarnos

En muchas ocasiones, cuando se está pasando un mal momento, solemos recurrir a la comida para consolarnos. Cuando esto pasa, buscamos aquello que más nos gusta: dulces,  chocolates, bombones, bollos o gominolas. Todos esos alimentos son de acceso rápido, no requieren cocinar, son muy gratos al paladar y, por lo tanto, la sensación de satisfacción tarda mucho en generarse. Eso se traduce en que comeremos de más.

Por dietas restrictivas

El miedo a engordar debido a la ingesta de carbohidratos ha provocado que se hagan muchas dietas altamente restrictivas en las que está prohibido comer muchas cosas. Es habitual que estas personas no puedan comer fruta, cereales integrales, arroz, frutos secos, etc. Todo esto forma falsas creencias que provocan miedo y ansiedad, lo cual desemboca en un atracón.

Comer alimentos que son ricos en fibra, como la fruta o los cereales integrales, es la clave para controlar los niveles de azúcar en sangre. Si estos se ven alterados, lo más normal es que el cuerpo nos pida algo para regularlos, y esto suele ser glucosa rápida.

Por antojo

Sí, es una realidad: los alimentos dulces al paladar suelen ser muy antojadizos, y es normal que a veces queramos darnos un gusto. El problema viene cuando utilizamos este tipo de comidas como recompensa, ya que en nuestro cerebro se activan la dopamina y la serotonina.

La dopamina está asociada a sensaciones placenteras, tanto para el azúcar como para la droga o el alcohol. Cuanto más azúcar se ingiere, más necesidad hay de él y más antojos se producen; es un círculo vicioso que en ocasiones cuesta gestionar.

Por otro lado, la serotonina es la que se encarga de regular el estado de ánimo; mientras más bajos estén sus niveles, más irritables estaremos. Cuando esto ocurre, aumenta la necesidad de hacer algo placentero, y comerse un donut es una forma rápida de conseguir esa sensación.

Aunque suene duro, desde nuestra consulta de nutrición Huesca, Rompiendo Dietas, solemos comentar a nuestros pacientes que para disminuir la ingesta de azúcar hay que pasar por una especie de desintoxicación; es la forma que tiene el cuerpo para dejar de solicitarla. Si tienes dudas sobre cómo hacerlo de manera sencilla, saludable, sin estrés ni efecto rebote, consúltanos sin compromiso.

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